martes, 28 de septiembre de 2010

"Colombia ha vivido un holocausto", dice autor de obra sobre Masacre de Trujillo

(*) Àlex Cubero

Pese a ser autor de una obra teatral sobre la masacre de Trujillo, donde fueron asesinadas 342 personas a manos de narcotraficantes y paramilitares entre 1986 y 1994, a Humberto Dorado aún se le entrecorta la respiración al hablar sobre un hecho que evidencia que "lo que Colombia ha vivido es un holocausto".

Hace ya tres años que este escritor y actor colombiano empezó a sumergirse a fondo en la historia de la barbarie en aquel municipio campesino del suroeste de Colombia, donde más de tres centenares de personas murieron a manos de narcotraficantes y paramilitares, en connivencia con la Fuerza Pública.

Transcurridas dos décadas, la expectación envuelve el estreno hoy en Bogotá de la obra teatral "El deber de Fenster", escrita por Dorado y Matías Maldonado, y dirigida por Nicolás Montero y Laura Villegas.

En una entrevista, Dorado explicó cómo la violencia ha sacudido de tal modo a su país que es necesario hablar ya de un genocidio, que no obstante la sociedad ha olvidado.

"En este país tenemos que reconocer que uno de los fenómenos más frecuentes y más atroces es la masacre. Tenemos que asumirlo y estudiarlo, y no sólo a través del dolor de las víctimas y la reparación, sino también a través de nosotros mismos", aseveró.

Ese es el proceso que recorre el protagonista principal de la obra, Edel Fenster (Jairo Camargo), un editor ficticio que recibe el encargo de armar un documental sobre aquel horrible episodio.

Metáfora de la sociedad colombiana, Fenster inicia una travesía emocional a través de testimonios reales, notas periodísticas y documentos históricos, vertebrados a partir de la declaración manuscrita de Daniel Arcila (Daniel Castaño), testimonio de aquel suceso que los fiscales invalidaron por supuesta enajenación mental y quien desapareció después, presuntamente asesinado.

Con una copia del manuscrito de Arcila en las manos, Dorado se preguntó: "¿Cómo es posible que una sociedad tolere, azuce, estimule y alimente la violencia? Me parece una enfermedad, siento que estamos hundidos en un fango de mentiras, en un mar de impunidad", lamentó.

A su juicio, la obra relata "la lucha de la palabra contra el infierno", y trata de demostrar cómo la sociedad sobrevive a partir de olvidar casos como el de Trujillo, donde se produjo una serie de desapariciones forzadas, torturas, homicidios selectivos, detenciones arbitrarias y masacres.

Una localidad que padeció la crueldad extrema en forma de asesinatos, violaciones y torturas para amedrentar a la población, cuyo silencio sólo se rompía con el sonido de las motosierras con las que descuartizaban en vida a campesinos sospechosos de colaborar con la guerrilla y cuyos cuerpos mutilados eran arrojados al río Cauca, llamado el "cementerio clandestino"

Aunque el Estado colombiano fue condenado en 1995 por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), lo que obligó al entonces presidente, Ernesto Samper, a pedir excusas públicas, la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) sigue denunciado la impunidad y la ausencia de un fallo condenatorio por esos crímenes.

"La obra -apuntó Dorado- es un tobogán de emociones desde el horror a la vergüenza, la ternura y el dolor" y que, sin entrar en el morbo, pretende "ser fiel a aquel horror".

A su entender, "una sociedad tiene que saber dónde están sus muertos. (...) Aquí tenemos un problema con los muertos, las fosas comunes y los desaparecidos, y el caso de Trujillo tiene todos los componentes que se repitieron durante veinte años y que seguirán repitiéndose si la sociedad no reacciona".

"No queremos herir o hacer daño, pero puede haber gente indignada y puede crear controversias", reconoció Dorado, que sin embargo recordó que es "absolutamente necesario que un pueblo se conozca a sí mismo, aunque esa verdad duela".

(*) Agencia EFE

miércoles, 15 de septiembre de 2010

De 20 a 30 menores son detenidos mensualmente en Cali por delitos

En medio de la polémica que ha generado el proyecto de la Senadora Gilma Jiménez, que busca que los menores entre los 14 y los 18 años paguen condenas entre los 6 y 15 años por delitos como homicidios, abuso sexual, hurto calificado, extorsiones y secuestros, en Cali, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, reveló que en promedio las autoridades están capturando entre 20 y 30 jóvenes infractores al mes.

El Director Regional de la entidad, John Arley Murillo, reveló que hay días en la ciudad en que se detienen entre cinco y ocho menores, dependiendo de los operativos, capturas y redadas que realizan la Policía Metropolitana de Cali, en diferentes sectores de la Capital del Valle.

La edad de estos jóvenes infractores, en su mayoría son de 15 a 16 años (hay que tener en cuenta que los menores que ingresan al Sistema de Responsabilidad Penal, son mínimo de 14 años como lo establece el Código de Infancia y adolescencia).

“Los delitos que más cometen los jóvenes en Cali son el hurto calificado y hurto simple. Son detenidos también por el porte ilegal de armas y porte ilegal de estupefacientes”, anotó John Arley Murillo.

Actualmente están recluidos en el Centro de Formación Valle del Lili, al sur de la ciudad, 255 menores, de los cuales 14 son niñas. Hay jóvenes que están condenados a seis (6) meses y otros a cuatro (4) o cinco (5) años por diversos delitos.

A estos menores, durante su detención Bienestar Familiar, les adelanta un proceso pedagógico del orden re-educativo. Son vinculados nuevamente al Sistema Educativo Escolar, son objeto de una intervención por parte de sicólogos, vinculados a actividades deportivas y lúdicas, así como a talleres y cursos de formación técnica dictados por el Servicio Nacional de Aprendizaje, Sena.

“Hemos graduado 46 jóvenes en primaria, bachillerato y en técnicos del Sena. Son jóvenes que salen a la calle con una formación profesional que les permita vincularse al mercado laboral y producir recursos de manera licita”, reveló el Director Regional de Bienestar Familiar.

Menores de 14 años infractores

En Cali es común ver a niños de escasa edad cometiendo todo tipo de delitos. Estos son utilizados en su mayoría por adultos ya que el Código de Infancia y Adolescencia establece que niños menores de 14 años no son imputables penalmente.

Esto ha llevado al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar en el Departamento del Valle, a crear un sitio especial para albergar a estos niños infractores.

Se trata del Centro “Agua Clara”, ubicado en zona rural del Municipio de Palmira, en cercanías a la población de Pradera, en donde son remitidos los niños detenidos por cometer hurtos menores y hurto simple.

En esta institución de protección, con una capacidad para 50 niños, actualmente están recluidos 35 niños, a quienes se les adelanta un trámite de restablecimiento de derechos, y no un trámite penal, en donde -dependiendo de la voluntad del padre de estar con su hijo, se adelanta un proceso para poder recuperarlo- a veces los niños son declarados en adaptabilidad y quedan al cuidado de Bienestar Familiar hasta que tenga la mayoría de edad.

Buscan endurecer las penas a menores

La senadora Gilma Jiménez presentó ante el Congreso de la República un proyecto que busca que los menores entre los 14 y los 18 años paguen condenas entre los 6 y 15 años por delitos como homicidios, abuso sexual, hurto calificado, extorsiones y secuestros.

“Estos adolescentes van a tener que pagar esa pena en una cárcel especial, donde la sociedad les ofrezca una oportunidad mediante un proceso de resocialización, pero no vamos a continuar viendo como producto de un discurso bien intencionado pero irresponsable estamos generando un efecto perverso y es que cada vez más con mayor frecuencia nuestros adolescentes están cometiendo delitos muy graves” puntualizó Jiménez.

Según la senadora del Partido Verde, en la actualidad las penas para los menores que cometen graves delitos están determinadas por la edad y no por la gravedad de los delitos.

martes, 14 de septiembre de 2010

Por día llegan de cuatro a cinco heridos por arma de fuego a Hospital de Cali

En momentos en que Colombia vive una escalada de ataques de la guerrilla de las Farc, contra agentes de la Policía y el Gobierno del Presidente, Juan Manuel Santos, decidió “tomarse” una de las comunas más violentas de la ciudad de Medellín, la 13, para combatir la violencia que se genera por parte de los llamados “combos”, en Cali, Capital del Valle del Cauca (la tercera ciudad más importante del país, después de Bogotá y Medellín) la situación de violencia sigue su camino.

Para la muestra, un botón. En Hospital Universitario del Valle -uno de los más importantes del sur occidente de Colombia- en los últimos seis (6) meses, se están recibiendo un promedio cada día, de cuatro (4) a cinco (5) heridos por arma de fuego.

La preocupante cifra fue revelada por el Jefe de la Unidad de Trauma y Reanimación del Centro hospitalario, Laureano Quintero, uno de los médicos que conoce de primera mano la violencia que se genera en Cali en todas sus manifestaciones.

Para el galeno, esta cifra no se contemplaba hacía mucho tiempo en Cali, la cual justifica unas medidas de fondo, permanentes y constantes frente a lo que esta pasando en la ciudad.

“Pidiendo respeto por la realidad -porque parece que a la gente de la autoridad le molestará que uno expresara esa cifra- hay verdades inocultables que uno debe manejar a ciencia cierta sobre Cali. Las estadísticas de la violencia y los homicidios en la ciudad, son estadísticas que muestran una situación muy complicada y que no están bajo control ideal”, advirtió el médico.

Laureano Quintero, sostiene que sea cual sea la determinación de la autoridad municipal –de solicitar o no la intervención del Gobierno Nacional, así como lo hizo en Medellín- se debe manejar una Política Integral de Seguridad que cambie el escenario que vive Cali en materia de violencia.

“Las estadísticas oficiales, que se han divulgado repetitivamente, muestran que tenemos una cifra inaceptable de homicidios e inaceptable de personas que están siendo víctimas de heridas por arma de fuego y armas cortopunzante en la ciudad”, recalcó Laureano.

Desde el punto de vista de los grupos que han estado estudiando la situación de violencia en Cali, desde la academia y la realidad hospitalaria, el Jefe de la Unidad de Trauma y Reanimación del Hospital Universitario del Valle, considera que el primer paso es una Política Integral de Seguridad para la ciudad, la cual –en su concepto- no ha existido hasta ahora.

A su juicio, esa política debe ser continúa y seria y no “saltatoria”, es decir no cambiar el horario de *Ley Zanahoria y de porte de armas cada rato, lo cual es –definitivamente- necesario para la ciudad, que maneja un promedio de los fines de semana de diez (10) personas asesinadas por diferentes causas, en su mayoría por armas de fuego.

“En Cali estamos viviendo cifras inaceptables de lesionados por armas de fuego en múltiples circunstancias muchos días de la semana, pero significativamente después de las doce de la noche y las madrugadas y marcadamente los fines de semana, especialmente en situaciones de riñas y asociadas frecuentemente con el efecto del licor”, resalto Laureano Quintero.

Para el médico, a nivel municipal es fundamental que haya una Política Integral pero que no sea reactiva frente a casos como: “si unos travestis mataron un señor, prohibir los travestis o si un señor tumbo un poste, prohibir los postes, sino algo absolutamente integral y que obedezca a todo lo que esta ocurriendo”.

Laureno Quintero puntualizó que ese paquete de medidas integrales y constantes en Cali, es la única garantía de que las cosas puedan cambiar.

Continúa reducción de homicidios, asegura Gobierno caleño

Por su parte, el Gobierno de Cali, asegura que en lo que va corrido de Septiembre del presente año, el número de muertes violentas en la ciudad bajó en un 17 por ciento y siguen siendo los fines de semana los días de mayor ocurrencia de homicidios.

El promedio de muertes violentas diarias en la ciudad este año alcanza los cinco casos, en Septiembre ese promedio bajó a tres. La reducción real de homicidios comparando los primeros 13 días del mes de septiembre de 2009 y 2010, es ocho decesos menos.

(*) Ley Zanahoria es el horario que rige en las discotecas de Cali entre lunes y domingo.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Crímenes de periodistas de Valle, Antioquia y Tolima, continúan impunes

Durante esta semana se conmemoró el asesinato de los periodistas Javier Darío Arroyave y Lides Renato Batalla, del Departamento del Valle del Cauca; Martín Eduardo Múnera, de Antioquia, y Carlos José Restrepo Rocha, de Tolima. Sus crímenes se mantienen en la impunidad después de varios años de haber ocurrido.

Javier Darío Arroyave
El periodista fue asesinado el cuatro de septiembre de 2007 en la ciudad de Cartago, Valle del Cauca. Arrovaye era conductor de noticias de la emisora ‘Ondas del Valle’ y director del espacio ‘Cómo les parece’, de esa misma radio estación. El comunicador fue encontrado muerto en su residencia con diez puñaladas en el pecho y en el abdomen. Según informaron las autoridades en ese momento, al parecer tres sujetos ingresaron sin violentar la puerta y asesinaron a Arroyave, además de hurtar su computador portátil.

Hasta la fecha, el proceso judicial por el crimen del periodista continúa en etapa preliminar, sin que haya habido ninguna persona sindicada.

Lides Renato Batalla

El 7 de septiembre de 1984 fue asesinado el director y fundador del diario 'La Batalla'. Desconocidos le dispararon en frente de su residencia en la ciudad de Buenaventura, Valle del Cauca. Lides Renato también trabajaba para ‘Radio Buenaventura’ y era gestor de campañas cívicas en el municipio, razón por la cual era una personalidad reconocida y apreciada por los bonaerenses. Su crimen está relacionado con investigaciones que realizaba sobre corrupción administrativa y tráfico de drogas en el puerto de Buenaventura.

No se conocen avances judiciales en la investigación de su homicidio.

Martín Eduardo Múnera

Múnera, locutor de ‘Radio Reloj’, emisora afiliada a la cadena Caracol, fue asesinado en Medellín, Antioquia, el siete de septiembre de 1994. Un sujeto sin identificar le inyectó cianuro en el cuello, en momentos en que viajaba en un bus.

No son claros los motivos del crimen, pero no se descarta que sea por razones de oficio periodístico. Múnera también se desempeñaba como vicepresidente nacional del Sindicato de Trabajadores de Caracol.

El caso continúa en la total impunidad, de hecho, no aparece el archivo de la investigación judicial en la Fiscalía.

Carlos José Restrepo Rocha

El crimen del comunicador ocurrió el siete de septiembre de 2000, en el municipio de San Luis, departamento del Tolima. Fue secuestrado y asesinado por presuntos paramilitares que lo señalaron de tener supuestos vínculos con guerrillas colombianas. Restrepo Rocha era periodista del periódico ‘ElTangente’ y la emisora ‘Señal San Luis’.

En la investigación judicial se dictó resolución de acusación contra el señor Ricaurte Soria Ortiz, como presunto autor material del crimen. No obstante, aún no ha sido proferida su condena y se desconoce la identidad de los autores intelectuales del hecho.

La Fundación para la Libertad de Prensa, Flip, hace un llamado a la Fiscalía General de la Nación y la justicia en general, para que continúe con las investigaciones correspondientes y sean encontrados y castigados los responsables. Para la FLIP es preocupante que, después de tantos años, los crímenes de estos periodistas continúen impunes.

Como lo ha manifestado en otras ocasiones, la Flip ve con preocupación la impunidad que impera en los casos de asesinatos de periodistas en Colombia, cuyo número asciende a 136 casos por razones de oficio en los últimos 33 años (la cifra más alta en Latinoamérica), según cifras de la Flip.

La Flip continuará haciendo seguimiento a los procesos judiciales del caso, con miras a exigir al Estado la pronta condena de los asesinos.

lunes, 5 de julio de 2010

Mafias de inmigrantes en Cali y el Valle cobran de un millón a 15 millones de pesos por crear "falsas" amenazas para asilo

Muchos han sido los caleños y habitantes de varios municipios del Valle del Cauca, que han logrado “coronar” su llegada a un país extranjero en calida de asilado.

Se supone que lo han logrado por estar amenazados por grupos ilegales como las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc o del propio Estado colombiano. Pero no es así. Varios de ellos han utilizado falsas amenazas para salir de Colombia, rumbo a varios países de Europa y América.

Buena parte, de esas ficticias amenazas –quién lo creyera- están siendo realizadas por abogados que operan en la Capital del Valle y el Departamento.

“Organizaciones de abogados privados en Cali están engañando y estafando a la gente, con un eventual asilo o protección internacional en países como España, Suiza y Canadá”, reveló el Defensor Regional del Pueblo, Andrés Santamaría.

“Aquí hay personas que te crean la amenaza y te buscan luego que hacer con ella, para supuestamente buscarte asilo en otros países. Estas mafias cobran entre 500 mil y 15 millones de pesos por crearlas”, aseguró el Defensor.

Pero, bien. ¿Cuántas son las organizaciones de abogados dedicadas a elaborar las falsas amenazas? Andrés Santamaría sostiene que el número de redes no las conoce, pero que si existen y que en el Valle del Cauca son muy complejas.

“Estas mafias han utilizado el nombre de la Defensoría y mi nombre, engañando y estafando con eventuales asilos y creando situaciones y hechos totalmente ficticios. Crean usualmente persecuciones de amenazas de grupos ilegales o incluso de organismos del Estado, pero que no son ciertas”.

Frente a esta situación, la Defensoría ha sido muy rígida en certificar cualquier tipo de amenaza frente a organismos internacionales o gobiernos extranjeros para eventuales asilos.

“Ese negocio lo hemos venido dañando, porque nosotros hemos restringido el proceso y eso ha ocasionado una disminución considerable”.

Para el Defensor del Pueblo, Andrés Santamaría, el Valle del Cauca es el principal Departamento de Colombia con solicitudes emigratorias de asilo en el Mundo, el número uno en tráfico de personas y el principal Departamento en donde funcionan las redes de inmigraciones ilegales y utilización de hechos falsos para buscar asilos”.

“Lograr un proceso de asilo desde Colombia es un trabajo muy complejo y muy demorado. Primero es un proceso automático, independiente y totalmente manejado por los países extranjeros. Nosotros no tenemos ingerencia. Podemos ayudar a certificar los hechos, podemos ayudar a que se evalué y darles a entender que lo que dice la persona es cierto y que esta en un proceso de riesgo”, puntualizó el Defensor Regional del Pueblo en el Valle del Cauca, Andrés Santamaría.

miércoles, 30 de junio de 2010

Los perros en la mira de los secuestradores

La historia que quiero contar hoy es ésta. Hace unos años, cuando trabajaba como periodista para el portal terra.com.co en Cali, recibí una llamada a la redacción -que en esa época quedaba en el Periódico El País- de una señora, que angustiada, me contó que su perrito –que había recogido de la calle, pero que lo quería como hijo bobo- se lo habían robado y que posteriormente se lo entregaron luego de dar una gruesa suma de dinero.

Increíble, pero cierto. Le secuestraron el perro y pidieron rescate por el “chandoso” ese.

Todavía recuerdo la reacción de mi jefe en Bogotá, cuando le conté que tenía una historia de no creer: “En Cali están secuestrando perros”.

De inmediato me aprobó la nota y me puse a la tarea de indagar sobre el curioso hecho. Fue así como hice la noticia, la cual fue publicada en Actualidad, en una sección llamada: El Mundo al revés, del Portal de terra.com.co el martes 2 de enero de 2001.

El relato que conmovió a muchos lectores fue el siguiente, aclarando que los nombres fueron cambiados por seguridad de las personas implicadas y del perro.

Lo que faltaba en Cali. Los perros en la mira de los secuestradores

En una cinematográfica acción, delincuentes en dos carros secuestraron en pleno centro de Cali a un perro de nombre “Morocho”, y exigieron la suma de cien mil pesos a su dueña.

Lo que faltaba. Además de secuestrar a niños, mujeres, ancianos, jóvenes, estudiantes y empresarios, ahora resulta que plagiar animales se volvió un negocio lucrativo en Cali.

Si, aunque usted no lo crea. Un perro de nombre “Morocho”, de raza “chan doberman” –como se les dice a los perros de poca monta- fue secuestrado en una cinematográfica acción, ante la mirada atónita de su ama.

Alrededor de las 5 de la tarde, doña “Rosinda” y “Morocho” salieron a dar su paseo diario en el Parque del Barrio Obrero –en pleno centro de Cali- cuando un taxi sin placas y con sus vidrios polarizados, se acerco raudamente hasta donde se encontraban los dos. Del vehículo descendieron dos hombres de color, quienes en forma sorpresiva le arrebataron el perro a doña Rosinda, quién atónita observó como se llevaban a su perro.

“Morocho”, que apenas acababa de salir de su encierro, en el que permanecía por miedo a ser robado, solo pudo gruñir ante la rápida acción de los secuestradores.

“Fue horrible. Por un momento pensé que era la perrera municipal, pero no fue así. Esos hombres casi me tumban por arrebatarme a mi “Morocho”. Me quedé de una sola pieza”, manifestó doña Rosinda.

Pero, trascurridas solamente unas horas y cuando los vecinos se arremolinaban en la casa en donde vivía “Morocho”, para enterarse de lo sucedido, los secuestradores comenzaron con las exigencias para su liberación.

Vía telefónica los delincuentes pidieron cien mil pesos por el rescate de “Morocho”. Dinero que en un principio no fue aceptado por la dueña del animal.

Doña Rosinda, desesperada al ver que no podía conseguir el dinero, les propuso a los maleantes pagarles solamente 40 mil pesos por su liberación. En ese momento la familia de “Morocho” sintió lo que padecen los familiares de las 2.754 personas que han sido secuestradas en este año en Colombia.

Doña Rosinda no dio aviso a las autoridades. “Me daba pánico que le pasara algo si la Policía o el Gaula intentaran rescatarlo”, comento la desesperada dama.

Al ver que no había otra opción, los secuestradores aceptaron el pago, pero lo exigieron que tenía que pagar la carrera del taxi en el cual sería transportado “Morocho”.

Para la entrega del dinero, doña Rosinda le pidió el favor a su mejor amigo, el lechero Erminson Calero para que la acompañara hasta el Parque, en donde se haría la negociación. Allí –cerca de la iglesia Jesús Obrero- impaciente con el collar en la mano, esperaba la llegada del taxi.

Un Daewoo modelo 97, se acercó lentamente al lugar donde se encontraba Rosinda y Erminson. En una de las ventanas del vehículo dejo ver la trompa “Morocho”, quien al ver a su ama, ladro incesantemente, como si no la hubiera visto durante mucho tiempo.

Doña Rosinda, nerviosamente se acercó a la ventana del taxi y sin mediar palabra estiró la mano con el dinero, el cual fue recibido por uno de los secuestradores, quienes de inmediato abrieron la puerta y dejaron libre a “Morocho”.

Sin pensarlo dos veces, el animal se abalanzó en cima de doña Rosinda, que no vacilo en abrazarlo y decirle cosas como si se tratara de un ser humano.

Mientras eso ocurría, en la casa de doña Rosinda, se preparaba una recepción como nunca se había hecho. Para “Morocho” se compro un menú compuesto por cinco latas de purina, tres huesos de carne y una tasa de agua. Además, su antigua cama, compuesta por un trapo viejo, fue cambiada por una cama pequeña de algodón y trasladada del frío patio a la pieza de Rosinda.

Así, el secuestro de “Morocho” se convirtió en un suceso en el Barrio Obrero y ya se habla de construirle un monumento en su nombre, por convertirse en el primer perro en Cali en ser secuestrado y liberado sano y salvo.

lunes, 21 de junio de 2010

Varios extranjeros llegan a Cali en busca de niñas “unidad sellada”, es decir, vírgenes

Es una noche fría. Por esta época del año (junio) Cali, la Capital del Valle, vive días de lluvia y sol. Abordo un taxi. Son las 10:05 de la noche. Estoy al Oeste de la ciudad.

Le digo al conductor que me lleve a mi apartamento, ubicado al Norte y que utilice la Avenida Sexta, para evitar el desvió ubicado en la Carrera Primera con Calle 21, por parte de la Policía, que trata de evitar un nuevo atentado terrorista de las milicias de las Farc, contra la sede del Comando de la Policía Metropolitana de Cali, que años atrás un carro bomba destruyó.

Durante el trayecto, el radio teléfono no deja de sonar. La voz de una mujer lee rápidamente direcciones que en segundo son atendidas por otros conductores que con claves -que solo ellos conocen- aseguran la carrera, es decir, el servicio.

El conductor, un hombre de pelo indio, blanco, bigote y un rostro que dibuja las largas jornadas de trabajo, me mira por el espejo retrovisor, adornado por varios escapularios, y me pregunta: ¿Sale de trabajar? “Si. Un día relativamente tranquilo, pero con mucho trabajo”. Le contesto. ¿Y qué tal el trabajo hoy? Le pregunto. “Ha estado bueno. Con el pago de la prima la gente esta saliendo. Hay movimiento”. Me contesta.

La luz roja de un semáforo nos impide seguir el camino. Estamos en una de las esquinas de rumba en Cali. La Avenida Sexta. La música se escucha por lado y lado. Salsa, vallenato y merengue sale de pintorescos sitios en donde los meseros –vestidos de negro- salen a los andenes a motivar a las mujeres, hombres o parejas que transitan por este sector, a que ingresen a “rumbear”, como se dice en Cali y conocida en Colombia y el mundo como la “Capital de la Salsa”.

Mientras esperamos que el semáforo cambie a verde, se cruza frente a nosotros una joven -no mayor de 18 años- vistiendo una blusa blanca y Jean azul descaderado, que deja ver su ombligo, una pequeña cintura y un hilo blanco, de lo que parece ser su diminuta ropa interior.

Al cruzar, llega donde un vendedor ambulante, compra un cigarrillo, lo prende y se queda allí, observando a cada uno de los vehículos que espera el cambio de luz, como esperando a que alguien la llame.

Ya en camino, el conductor me dice que esas son “niñas” que salen a las calles de “rebusque” de clientes en especial con carro o extranjeros.

¿De extranjeros. Cómo así? Le pregunto. “En este medio en que trabajo uno ve, escucha y le pregunta muchas cosas. A uno le sale gente: Ve, vos no sabes de una parte en donde podamos conseguir niñas más que todo. Sardinitas. Un pasajero me ofreció 500 mil pesos si le conseguía una niña `Unidad Sellada´, es decir Señorita o Virgen. Yo no sé, pero tengo quién se la consigue. Le dije”.

Como si se tratará de algo muy normal, el taxista me cuenta que tiene unos clientes españoles e italianos que cada vez que viene a Cali lo ubican y él llama la persona que ubica las niñas, de 14, 15 y 16 años, y salen con ellos, se ganan su billete y él se gana su platica.

“Aquí en Cali hay sitios en donde trabajan niñas, sardinitas. Hay casas de negocios que son reservados. Usted queda sano. Entra sin problemas y listo”.

En otra luz roja de un semáforo, ubicado esta vez al frente de la Avenida Tercera con 44, ya en el Norte, el conductor del taxi me hablo de un caso de varias niñas de un colegio.

Ya en marcha me cuenta.

“Hace dos meses en el Ingenio, que es un sector de estrato alto al sur de Cali, cinco niñas con uniforme de colegio me colocaron la mano a eso de las 3 y 30 de la tarde, luego de bajar de un bus. Una vez en el taxi me pidieron que si podían cambiarse de ropa. A lo cual dije que no había problema. La niña que iba en el puesto al lado mío se bajo la falta, me mostró los “cucos” y con esa ropa taparon las ventanas. Una vez cambiadas le sonó el celular a una de ellas y concretaron un servicio con unos italianos, que según ellas, pagaban buena plata”.

Pero ahí no para la historia. Ya casi llegando a mi apartamento el conductor me dijo que luego de la llamada del italiano, a una de las “colegialas” la llamo un americano.

“La que recibió la llamada dijo. Este paga en dólares. Vamos mejor para allá. Las lleve y cuando llegue el tipo me pago 100 mil pesos por la carrera. Me pidieron que las recogiera en dos horas. A las dos horas volví, pero al americano bajo y me dijo: tú esperar ahí. Y me regalo 50 mil pesos. Luego las recogí como a las 9 de la noche”. Una venía con 1.300 dólares y la que menos traía tenía 800 dólares. Imagínese pues”.

Al preguntarle que si Cali se podría catalogar como una ciudad utilizada para turismo sexual infantil, el taxista me dijo: “le voy a decir una cosa. Cali de día es una ciudad, de noche una Metrópoli. Usted ve de noche cosas que nunca las ha llegado a ver durante el día. Así de sencillo. ¿Cómo la ve?

Llegamos. Ya son las 10:35 de la noche. La carrera tiene un costo de 8.900 pesos. El frío es más fuerte. El cielo esta blanco. Se avecina lluvia. Me despido del taxista y le digo gracias por la información. El taxista me desea una feliz noche y se aleja.